Al que espere ver un Transformers o un Terminator en está película, seguramente saldrá desilusionado y con arcadas. Definitivamente es mucho más que eso, es una cinta bien lejos de la limpieza y pulcritud hollywoodense. Dirigida por el sudafricano Neill Blomkamp, con un presupuesto medianamente modesto de 30 millones de dólares, y en base al corto dirigido por él mismo de 2005, Alive in Joburg, la película más que hablar de un lejano futuro de ciencia-ficción nos muestra crudamente una realidad actual o de un futuro cercano, de miseria y exclusión generalizadas.En esta ocasión los extraterrestres no aterrizan en el manido patio de la Casa Blanca ni en Los Angeles, ni se dan un abrazo con Obama, sino en una típica ciudad tercermundista de grandes diferencias sociales, como lo puede ser la ciudad sudafricana de Johannesburg. Allí, bajo la sombra de una gran nave, suspendida espectralmente sobre la ciudad, lo que hay son chabolas y alambradas, como antes las hubo para separar a los negros y los blancos, que delimitan las zonas permitidas para los extraterrestres. De estos, nadie sabe por que han llegado a la Tierra y tampoco parecen ser muy comunicativos. Los alienígenas, un millón aproximadamente, se encontraban enfermos y desnutridos y de poco les servia la tecnología que tenían (incluso su nave se cae a pedazos), cuando fueron rescatados por los humanos hace 20 años, y se les ha asignado un barrio pobre que pronto se convierte en una zona aún más marginal, cuando la población negra empieza a entrar en conflicto con los forzados invasores que son llamados despectivamente “langostinos”.
La película no está mostrada de forma convencional, sino en forma de documental televisivo. Los personajes que después van a ser por decirlo así, los “héroes” parecen al principio de lo más normal y hasta patético. El humor negro abunda. Las similitudes con situaciones de pueblos oprimidos de la realidad actual son evidentes (palestinos, desplazados en Sudán o Colombia). Pero aun así la película no es moralista y en general, se limita a mostrar de forma realista como se desenvolverían los eventos en esa realidad paralela en la cual los humanos han sido invadidos por unos aliens andrajosos y al parecer poco inteligentes (parece que la mayoría pertenece a una casta de obreros). Así no hay nada del amor y paz o hermandad entre las diferentes culturas y razas envueltas: los negros odian a los blancos, y sus creencias animistas primitivas los hacen creer que consumiendo la carne de los extraterrestres asimilaran su “poder”; los contratistas privados encargados de la “seguridad” del Sector 9, se entretienen matando a los niños aliens y confiscando sus huevos para impedir que la población siga aumentando; y bromean sobre el sonido que hacen estos al ser quemados (bastante divertido esto); los aliens roban a los humanos y aveces no les importa tampoco desmembrar a alguno; el propio protagonista (interpretado más que magistralmente por el desconocido Sharlto Copley) solo es movido por su egoísta interés y la fatalidad a emprender sus acciones. Hay multitud de momentos de soberbia violencia y desprecio por la vida humana, animal y alien, que hacen de esta cinta, demasiado recomendable.
Igualmente la verosimilitud o no de lo planteado, depende como en toda película de ciencia ficción, de aceptar como posibles la tecnología extraterrestre de viaje interestelar y sus artilugios técnicos y científicos. Pero en resumen, es un cóctel inteligente de imaginación y realismo, que hará que está película sea considerada casi de inmediato como de culto, superando toda la pobredumbre de cintas que han salido recientemente en la cartelera comercial. Queda la posibilidad de un Sector 10 que si es llevado a cabo, esperemos sea tan dignamente realizado como este film. No será un 2001 o un Solaris, pero es una película de ficción de esas que se alejan del estándar y permanece largo rato taladrando la mente del espectador.
