martes, 11 de agosto de 2009

A la mierda estos judíos

La vida está llena de detalles molestos. Como lo puede ser, encontrar cada vez más frecuentemente pequeños sellos de certificaciones “kosher”, en los envoltorios de alimentos que se encuentran en cualquier supermercado.

No digo en una pequeña sección especializada, que sería tolerable, sino en TODAS PARTES y en alimentos destinados al público EN GENERAL. Es decir, como la mayoría, tengo la vaga idea de que “kosher” tiene que ver con algún tipo de estúpido ritual que realizan los judíos para sentirse superiores. Ahora bien, ¿por que demonios las empresas del sector de alimentos deben poner estos sellos en artículos que en un 99,9% consumen personas NO pertenecientes a esta religión en un país de MAYORÍA cristiana católica?

No hay duda, que preferiría no comprar ningún producto que tenga certificaciones religiosas, aunque fuera patrocinada por el Papa o tuviese estampado el mismísimo ombligo de SuperJesús o Buda; pero día a día uno se va quedando con menos opciones: salsas, cereales, café, etc, ahora todo parece requerir de la aprobación de los rabinos.

Eviten comprar artículos con este sello u otros similares.

Y es, que aun cuando nos traten de vender este sello como una certificación de “calidad” asimilable a una certificación ISO o ICONTEC, la verdad es que solo se trata de que un religioso judío superviso la producción de la comida y que tal vez recitó algunas palabras mágicas incomprensibles mientras realizaba sus ritos antidiluvianos. Como si su sola magnifica presencia tuviera algo de especial. Para un ateo, resulta ofensivo que le obliguen a subsidiar a una comunidad religiosa con la compra de artículos de primera necesidad. Sobre todo teniendo en cuenta que en nuestro caso particular, en Colombia, no hay más de 5000 personas que sigan esta dieta, que es simplemente manejar los alimentos como ordeno hace miles de años el dios judío, en ese libro de fábulas llamado antiguo testamento. Creo que desde entonces la industria alimentaria ha progresado en algo, y que resulta absurdo decir que este sello es un valor agregado cuando seguramente el costo de estas “certificaciones” será trasladado al consumidor final, y no hay ninguna evidencia científica, ni beneficio visible, que las sustente.

Agregaría, que incluso los ritos de sacrificio de estás practicas, asimilables a los que se ven en tribus salvajes del áfrica, han sido ya prohibidos en algunos países como Suecia, por parte de ligas de protección animal. De modo que insisto, a nadie que no fuera judío ortodoxo y seguidor estricto de esta comunidad, debería importarnos o parecernos loable la presencia de estas certificaciones en los envases de cada vez más alimentos comestibles.

Empero, tal parece que el borregismo y el seguir modas extranjeras beneficiosas para unos pocos, pueden más con los empresarios y la masa que el sentido común, y habremos de resignarnos a ser cada vez más cuidadosos al realizar las compras, para no encontrarnos con sorpresas desagradables, como en este caso, con un diezmo judaico. Por supuesto la invitación de este blog es a no apoyar éste, ni ningún otro género de merchandising religioso ni sectario.

Y con esto termina el Boletín del Consumidor de hoy.

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